A los Problemas del Cauca No es ponerle más Talanqueras a una Rueda que debe Girar Libre y bien Aceitada para Generar Soluciones Efectivas, Eficaces y Duraderas

 

A los indígenas del norte del Cauca los han sometido a una masacre sistemática. Sin pudor alguno los grupos criminales, que se disputan el territorio y las rutas del narcotráfico, le han puesto precio a la cabeza de las autoridades indígenas, ya asesinaron a 16 personas en la última semana, 12 de ellos de la comunidad Nasa.

 

El clamor de los indígenas ante el Gobierno Nacional es que les dé garantías para proteger sus vidas y llegue al territorio con programas sociales y políticas de Estado. La respuesta del Gobierno fue enviar más tropa para reforzar las siete bases militares que rodean los resguardos indígenas y esa no es la solución.

 

El territorio del norte del departamento de Cauca está plagado de todas las modalidades criminales que pueden azotar a una región.

 

Los cultivos de coca y marihuana, las cocinas, las rutas de salida de cocaína y el ingreso de insumos para fabricarla, tienen en los indígenas que se oponen al narcotráfico y a los cultivos, los enemigos que hay que exterminar y allí entran a actuar las llamadas disidencias de las Farc, los clanes de narcotraficantes aliados con las carteles mexicanos, grupos ilegales armados, delincuencia común y bandas criminales.

 

Los asesinatos indiscriminados son una forma de aterrorizarlos para obligarlos a abandonar los resguardos. Los indígenas no permiten que las autoridades ingresen a sus territorios, pero sí le echan la culpa al abandono estatal por todo lo que pasa en su jurisdicción.

 

El Gobierno nacional debe dialogar con las autoridades que conforman el Consejo Regional Indígena del Cauca, CRIC, para establecer los mecanismos que le permitan a la Fuerza Pública actuar con contundencia contra esos grupos criminales que quieren adueñarse del territorio a sangre y fuego.

 

El Gobierno debe llegar con programas sociales de largo aliento, con colegios, hospitales, universidades, carreteras secundarias y terciarias, porque esta zona tiene un atraso histórico, porque al ser de resguardos indígenas, son ocho comunidades, no se les ha prestado la atención debida para el desarrollo social y económico.

 

Se deben establecer programas urgentes y especiales que beneficien a la población en salud, educación, trabajo, sustitución de cultivos, maquinaria agropecuaria, programas agrarios que sean polos de desarrollo económico y que la coca y la marihuana dejen de ser el principal sustento de las comunidades del norte caucano.

 

Esta situación se veía venir y sólo hasta que se desbordó en asesinatos recibió la atención del Gobierno central que hasta realizó un Consejo de Seguridad en Popayán, pero no dialogó con las comunidades indígenas cuyas autoridades agrupadas en el CRIC ya anunciaron que como el presidente Iván Duque Márquez no fue a su territorio, entonces ellos caminarán hasta Bogotá para hablar con él.

 

Eso es ponerle más talanqueras a una rueda que debe girar libre y bien aceitada para generar soluciones efectivas, eficaces y duraderas. Que esas políticas de acción sean de constante ejecución y generadoras de paz para el territorio indígena y de capturas o neutralizaciones de los criminales que han convertido al Cauca en una zona de guerra.

 

Esta situación debe ser controlada con prontitud y que no sea sólo por el ventarrón del momento y luego todo siga igual. A la Fuerza Pública se le pide contundencia y resultados para acabar con todas esas bandas criminales que tratan de convertir el Norte del Cauca en una república independiente y gobernada por el terror.

 

Eso no podemos tolerarlo los colombianos, mucho menos los caucanos   y por eso el Estado debe actuar con mano firme y resultados certeros.