Conservadores son una gran Torre de Babel

 

 

Nadie entiende cómo una organización política que tiene 160 años de historia, que ha colocado 27 presidentes de la república y que ejerció el poder hegemónico desde 1898 hasta 1930, con una activa participación en los acuerdos del Frente Nacional, para poner fin a la confrontación entre los partidos históricos, que han sido como las grandes catedrales de la democracia colombiana, haya buscado su autodestrucción a través de un directorio nacional inoperante, que le cerró el paso a las candidaturas presidenciales de Alejandro Ordóñez Maldonado y Marta Lucía Ramírez, y que en el departamento de Santander se haya descompuesto y le haya cerrado el paso a la formación de nuevas figuras,  capaces de defender sus banderas ideológicas, que están vigentes en las grandes democracias del mundo.

Una raquítica jefatura del ex presidente Andrés Pastrana Arango, perdida en los laberintos de la inconformidad, que ha surgido para descalificar a los actuales congresistas y dirigentes que han querido prestarle un servicio a la patria desde los escenarios de la representación popular; una jefatura sin mayor fuerza,  sin mayor capacidad de decisión, ignorado por la clase parlamentaria, desorientado, dando palos de ciego, soñando todavía con revivir la esclerosada figura de la “Nueva Fuerza Democrática”,  en esta feria de vanidades y jefaturas menores, que han contribuido a la desintegración de la colectividad.

El ex procurador general de la nación, Alejandro Ordóñez Maldonado, que se inscribiera como candidato presidencial con dos millones de firmas autógrafas de los ciudadanos que lo han escuchado y valorado como líder moral de la nación, defraudado por el incumplimiento de los acuerdos que se pactaron en  la llamada Gran Alianza de los expresidentes Pastrana y Uribe. Los señores expresidentes, que deberían dar ejemplo de cumplimiento en sus compromisos con el ex procurador Ordóñez, han querido molerlo y descalificarlo, como si estuvieran pasándole una cuenta de cobro por las destituciones de funcionarios que deshonraron a la administración pública.

En el caso del Cauca, no tiene sentido que las fuerzas electorales del partido conservador se encuentren dispersas y atomizadas en directorios del partido Liberal, Partido de la U, al senado con Cambio Radical, del Partido Centro Democrático, de la Alianza Verde y hasta en Somos Colombia, por una crasa ignorancia de la ideología de una colectividad que ha sido artífice de los grandes cambios sociales en Colombia.

Los sepultureros del partido Conservador lograron el objetivo de destruir como Sansón, el personaje bíblico, una estructura centenaria, que formaron figuras históricas como José Eusebio Caro y Mariano Ospina Rodríguez.

Esa Torre de Babel, en que se ha convertido el partido conservador colombiano, con la pérdida de identidad de sus líderes, le ha permitido al expresidente Álvaro Uribe recoger la ideología de los conservadores para asumir la defensa de las instituciones colombianas, oponiéndose como han debido oponerse los parlamentarios de las banderas azules a las escandalosa reformas tributarias, que han arruinado a los empresarios del país y oponerse, por supuesto, a la inminente entrega del país a una dictadura comunista, si continua la confrontación interna entre las fuerzas políticas de centro derecha que tienen la obligación moral de evitar la catástrofe, apoyando entre todos la candidatura presidencial que provenga de la consulta popular que propone su mejor aliado, el ex procurador Alejandro Ordóñez, quien lamentablemente se equivocó al rechazar el honor de encabezar la lista conservadora del Senado.

Y si continuo hablando llegamos a la conclusión que esa son las consecuencias del fin del Partido Conservador en el Cauca, solo los egos donde se creen más y son menos que nada