‘¿Habrá que pagar palco para ver desfilar a la gente honesta?’: Triste realidad de la democracia

 

Recordando aquellas cosas que me comentaba mi abuelo Jaime Mosquera Gómez en un día como hoy durante un reportaje concedido por el caudillo conservador Álvaro Gómez Hurtado al periodista santandereano Julio Nieto Bernal, exdirector de la Cadena Radial Colombiana CARACOL, pocos meses antes de ser asesinado por las hordas criminales de las FARC, en presunta connivencia con agentes del régimen cercanos al narcotráfico, el máximo conductor de las ideas conservadoras que buscaban el desarrollo de la economía del país, el desarrollismo y el respeto por la propiedad privada obtenida a justo título, advertía que los partidos históricos estaban remplazando su doctrina y sus ideologías por actos de complicidad electoral.

 

Veinticinco años después del magnicidio de Gómez Hurtado hasta la propia guerrilla de las FARC se auto-incrimina, se da golpes de pecho y asume la responsabilidad por este crimen atroz que sacudió la conciencia nacional, en momentos en que se posesionaba de la presidencia de la república el doctor Ernesto Samper Pizano, acusado por Andrés Pastrana y por el embajador norteamericano Miles Fretchette, de haber recibido abundante financiación de los Hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, líderes del cartel del narcotráfico en el Valle del Cauca, por haber participado en la financiación del candidato del partido liberal.

 

Gómez Hurtado había participado en la mesa directiva de la Asamblea Nacional Constituyente, y en nombre de su ‘Movimiento de Salvación Nacional’, junto con el ex ministro liberal Horacio Serpa Uribe y con Antonio Navarro Wolf, del Movimiento Diecinueve de Abril (M19), en la elaboración de la nueva constitución nacional promulgada en 1991, promulgada por el expresidente César Gaviria Trujillo.

 

Los tres personajes habían mantenido una relación de amistad y de entendimiento en el trámite de las grandes iniciativas introducidas a la nueva carta de derechos, lo cual exonera a Horacio Serpa, de la temeraria sindicación de complicidad en la muerte del líder conservador. Pero ese fardo ha tenido que cargarlo Serpa por el resto de su vida, hasta este momento cuando la cúpula de las antiguas guerrillas de las FARC, se autoproclaman responsables del magnicidio.

 

Al doctor Álvaro Gómez Hurtado lo respaldaba su Partido Conservador en todas las instancias de la representación popular, desde concejal de Bogotá y de otras ciudades de Colombia, hasta el Senado de la República, donde brillaba por su inteligencia, aunque el enceguecido sectarismo liberal le negara tres veces su derecho a la elección como presidente de la república. La sombra de su padre, el hombre tempestad, Laureano Gómez Castro, se convirtió en la muralla artificial que privó al país de elegir a un líder de talla mundial, como era Álvaro Gómez Hurtado.

Desde las páginas del Diario Conservador ‘El Siglo’, el doctor Álvaro Gómez Hurtado denunciaba con sutileza y con elegancia los grandes conflictos sociales y el terrible fenómeno de la corrupción que se había apoderado de la política nacional.

 

La terrible afirmación de Gómez Hurtado, según la cual los partidos políticos en Colombia cambiaron sus posiciones ideológicas, por asociaciones para delinquir, para repartirse los contratos oficiales y para repartirse la burocracia y el poder, cobra vigencia en esta coyuntura de la vida nacional.

 

Si Colombia sigue como está, con funcionarios que cobran sumas de dinero a los proveedores y contratistas, con dirigentes políticos que se reparten los contratos oficiales, con magistrados y jueces que venden las sentencias y las boletas de libertad, como ocurrió con ‘El Cartel de la Toga’, el cataclismo será inevitable.

 

Ahora hay que decir, como en el pasaje bíblico: ‘el que esté libre de culpa, que tire la primera piedra’. ‘¿Habrá que pagar palco para ver desfilar a la gente honesta?’

Como diría los Corrillos del Parque CaldasLas ideologías políticas remplazadas por acuerdos de confabulación para gobernar”