HISTORIAS DE LA NOCHE

MI MEJOR ARBOL DE NAVIDAD.

Caliente, si; la taza de chocolate formaba una pequeña nata de color marrón sobre el borde del recipiente, pero dejaba ver una columna de humo que cedía al soplo de su boca y al mojicón que se mojaba en el líquido apetecido a esa hora de la tarde.

Sus manos temblorosas por el frio, tomaban con las dos palmas la taza, mientras me contaba su historia, sus dedos delgados de uñas largas y esmaltadas, confirmaban su destreza para tocar esa guitarra de una manera tan magistral que no dudé en un instante en darle un billete de 5000 pesos cuando lo escuché en su “concierto” en Transmilenio.

Allí conocí a Juan, en el trayecto de suba hasta el centro, su vestimenta sencilla pero limpia, su vocabulario y léxico estudiado, confirmaban su historia, era guitarrista del conservatorio Simón Bolívar en el hermano país de Venezuela, migrante como miles por razones económicas y políticas que merecen otra historia, pero en este caso su talento y carisma le tenían preparada una sorpresa maravillosa…
Le entregué la donación y le regalé una Revista Bogotá Nocturna, le dije que me gustaría entrevistarlo y saber un poco más de él, pero iba con el tiempo medido para una cita en el centro que me lo impedía hacerlo de una vez, nos despedimos y salió por la puerta principal en la parada Marly
Pasaron unas semanas y en época de navidad, recibí un mensaje de whatsapp de Juan, diciéndome que si tenía tiempo para vernos y contarme “algo”… nos pusimos una cita en chapinero pues yo estaba buscando un arbolito de navidad, pues el anterior ya lo habíamos votado…

Entré a la cafetería, y lo vi en una mesa apartada de las demás, lo salude y pregunté que si tenía mucho tiempo esperando; me dijo que casi dos horas, pues no tenía más que hacer y se fue temprano para la cita, vino caminando desde el centro, donde vive en una habitación de un hotel de mala muerte, pero había pagado todo el mes y aunque no le gustaba mucho no había para más, me contó que daba clases de guitarra a domicilio a unos niños en el tunal los sábados y los otros días se rebuscaba en Transmilenio, pero había tenido una “tragedia”…

Me imagine lo peor.. la mesera interrumpió y ordenamos el chocolate con pan pues ya estaba anocheciendo y hacia un frio terrible, además noté que juan no tenía chaqueta… por la seriedad de su rostro pensé que alguien se había enfermado o peor aún que se había muerto algún familiar, que lo habían atracado, que tenía una enfermedad terminal… mi mente voló hacia los peores escenarios posibles… tomé un sorbo de mi bebida de cacao, respiré y le pregunté – que te pasó?
Juan destapó el estuche de su guitarra de una manera muy ceremonial y me dijo… Se me rompió un cuerda y estoy varado!!!.. casi suelto una carcajada, pero su cara de preocupación me lo impidió… – ¡Es la tercera cuerda, es SOL !!! y sin esa es imposible tocar bien, no he podido conseguir dinero para comprar la cuerda y trabajar en el Transmilenio y ya mañana es sábado y me toca ir a dar las clases… por eso lo llame para pedirle el favor y me preste para comprar la cuerda que me falta y para los pasajes, que mañana me pagan las clases y se lo devuelvo, usted se ve que es buena persona y como apoya a los músicos sabrá cuán importante es para mí esa cuerda de guitarra. Me dijo casi en tono de súplica.
Lo mire con esa nostalgia y al mismo tiempo con una gratitud infinita pues su historia me permitía, abrir mi corazón y ayudar a alguien que sabría apreciarlo, no era nada grande lo que me pedía, pero para él era importante, le dije que no se preocupara que ya mismo nos poníamos “manos a la obra” a solucionar esa “tragedia”.

Apresuramos el chocolate y salimos a buscar una tienda de música, gracias a Dios no estaba lejos y aun se encontraba abierta, compramos la tercera cuerda (SOL) y aprendí el nombre de cada una de las cuerdas al aire, era muy barata, así que aproveché para comprar un juego completo de repuesto, las prefirió de nylon pues, “aunque las metálicas suenas más brillantes las de nylon duran más”, me explicó con mucha certeza; también le adaptamos una correa a la guitarra para que fuese más fácil tocar en el transporte, me quité la chaqueta y la colgué en un atril que estaba en el almacén de música y me tercié la guitarra para probarla y decirle con algo de “chicanearía” que yo también tocaba algo, entoné una melodía cristiana que recordé en ese momento…

Juan tenía los ojos empañados y me dijo que el también hacía mucho tiempo componía y le cantaba a Dios, entonces le dije – Estimado, Dios siempre ha estado contigo y conmigo y él te va seguir ayudando, sigue adelante, no te desanimes… nos despedimos con un abrazo, me acompañó a tomar mi transporte para el norte y me agradeció por el regalo pues le dije que no era necesario que me devolviera nada, más bien que si tenía oportunidad de hacerle el favor a alguien que lo hiciera… entré a la estación y tomé mi transporte cuando recordé que había dejado mi chaqueta en el almacén, no lo había notado pues tenía debajo una camisa con un buzo y el chocolate me había quitado el frio, fue entonces cuando se me ocurrió llamar a Juan.
– Hola mi estimado, me alegró conocerte, te quería pedir el favor si aún estas en chapinero que recojas la chaqueta que se me olvidó en el almacén, y quédate con ella, te la obsequio de navidad, en el bolsillo interno hay un dinero úsalo para tus transportes y lo que necesites, no te preocupes por nada. ¡Feliz Navidad!

Se escuchó su voz quebrada al decir gracias y colgó… llegué a mi casa y mi esposa me pregunto por el árbol de navidad, le conté lo que había pasado y en qué había usado el dinero, lloramos y nos dijimos que no importaba, que ella había visto un programa en la tele para hacer un árbol casero con una rama de un árbol real y así lo hicimos, curiosamente no volví a saber nada mas de Juan.

Hoy recibí un mensaje de un número desconocido, era internacional, era Juan hablándome desde Venezuela, me contó que ese día recogió la chaqueta y el dinero; y se sintió muy bien, pero perdió su celular y por eso se quedó incomunicado, que pocos días después le escribieron de Venezuela para un trabajo en un colegio como docente de música, aplicó y le dieron el trabajo, que había regresado a su país y que la próxima semana comenzaba a trabajar, que regreso donde su mama y estaba asistiendo a la iglesia nuevamente, pero hasta ahora había podido recuperar mi numero para darme un feliz año nuevo…

Miré el arbolito casero de mi esposa y entonces entendí que ha sido el mejor árbol de navidad de toda mi vida, aquí les dejo la fotografía para ilustrar esta historia.

 

Por: Efraín Marino