Los acordes del hambre.

 

Hace poco, como muchos de nosotros en estos tiempos de pandemia, estuve en una reunión de teletrabajo. En ese momento recuerdo que me dio mucha rabia porque afuera estaban cantando los mariachis.

Llevaban un largo rato en esas y mi concentración estaba dispersa. Los culpé por eso y me amargué la tarde.

Ahora, hace unos minutos terminó de cantar otro grupo, cantaron un buen rato y otra vez me incomodaron la concentración.

Inclusive salí al balcón a mirarlos mal. Porque en mi mente les quería pasar con la mirada la incomodidad que me estaban haciendo sentir.

Fue justo en el momento que sali a verlos, cuando me sentí como la peor persona del mundo .

La señora cantaba sus canciones de Ana Gabriel hacia los balcones y las ventanas, la mayoría indiferentes. Sin duda había gente a dentro, pero los ignoraban, tal vez como yo lo llevaba haciendo hasta hace unos minutos.
Vi angustia en la cantante y en los ojos de los otros músicos que cantaron otra canción más, como si esperaran que con esa saliera la gente; y por ende algunos billetes con que llevar el pan a casa.

Ellos buscan su sustento cantándole a la gente cuadra a cuadra porque no tienen de otra, porque es eso o el hambre.

Antes para escucharlos había que contratarlos, esperar que tuvieran disponibilidad en su agenda y tener suerte. Ahora la pandemia los ha obligado a salir a cantar por los barrios. La pandemia nos ha traído más música que antes ¿y yo tenía rabia por eso?

Que equivocado estaba. Lo valioso es disfrutar de ellos y apoyarlos, porque cuando pase esta locura. Esos músicos dejarán de cantar por las cuadras y sus vidas volverán a ser como antes. Y nuestros recuerdos podrán contarse de dos maneras.

Con amargura y egoismo o viéndole la magia a cada momento. Diciendo que ellos nos cantaban en medio de tanta oscuridad.

Por: David Vélez Gómez
@Davidvgx