“Nadie puede llevar por encima de su corazón a nadie, ni hacerle mal en su persona, aunque piense y diga diferente”, ¿Por qué somos así?

Se avecina diciembre y con él la finalización del 2018 y las esperanzas puestas en el 2019, para ello se hace indispensable reflexionar frente a lo que pasa a nuestro alrededor, tomando algunos sucesos para hacer el siguiente cuestionamiento: ¿Por qué somos así? Veamos:

El pasado miércoles corrió como pólvora por las redes sociales, el video en donde se ve la agresión e insultos hechos a un concejal de Bucaramanga por parte del señor Alcalde Rodolfo Hernández.

Nos preguntamos: ¿Por qué somos así de violentos, agresivos e irrespetuosos con la ciudadanía que ha depositado el voto de confianza en servidores públicos dignos de su cargo y que deben dar ejemplo de buen trato y buenas maneras? ¿Por qué debemos encontrarnos de frente con el agravio y la fuerza bruta como la mejor “arma” para derribar a nuestro contrincante sin utilizar si quiera nuestro raciocinio y ponderación en nuestros actos? Y cabe hacernos la siguiente pregunta: ¿Para qué existen los entes de control en Colombia, los cuales fueron creados con el fin de disciplinar, controlar, sancionar y aconductuar a quienes no se ajusten a las normas y que de una u otra manera nos administran?

¿Por qué somos así de influenciables, cuando de salir a protestar por el derecho que tenemos al descontento gubernamental no lo hacemos en forma pacífica; sino que, por el contrario, el “efecto masa” alimentado por algunas ideologías, nos lleva a utilizar la agresión y a sacar ese “monstruo irracional”? ¿Se justifica entonces, dañar los bienes públicos y privados, atentar contra la integridad de los miembros de la fuerza pública, bloquear las vías, atropellar a los ciudadanos que no participan de las protestas y movimientos, por el simple hecho de hacer valer un derecho olvidándose de los deberes que como ciudadanos tenemos?

¿Por qué somos así de pretender tapar el sol con un dedo, como lo viene haciendo el señor Fiscal General de la Nación, acudiendo a falacias “ad homine” cuando de defenderse se trata, deteriorando la imagen de una institución que es base del estado social de derecho?

¿Por qué somos así de desconsiderados, inhumanos y maltratadores cuando de expedir resoluciones se trata por parte del ente acusador – Fiscalía General de la Nación -, para “exprimir” a los fiscales y funcionarios de turno a fin de que soliciten más capturas ante los jueces de control de garantías, buscar sentencias condenatorias y otra serie de actividades con el objetivo de subir el “rating o estadísticas” so pena de recibir calificación insatisfactoria del servicio, cuando es una realidad que la gran mayoría de los fiscales en Colombia trabajan con las uñas, con un solo investigador que apoya hasta 4 o más fiscales y que cada uno de ellos tiene en su haber más de 1000 carpetas de investigación? Se están enfermando los acusadores en su salud psíquica, física y nadie dice nada.

De igual manera, debemos plantearnos del ¿por qué somos así de chismosos e indolentes a veces, cuando en plena vía pública se registra un accidente de tránsito, el cual de por sí genera un caos y nosotros contribuimos avanzando “despacito” para captar con los celulares a las víctimas generando un monumental trancón? ¿Será que tanta violencia y hechos de sangre sucedidos en la historia de nuestra patria, nos ha vuelto insensibles y ávidos del registro de actos vandálicos, hechos de sangre, accidentes, riñas e indignidades que buscamos afanosamente registrar y subir a las redes sociales para que el “morbo” que sentimos por esas imágenes permitan sumar “likes” y por el contrario no acudimos, como ejemplares ciudadanos, a evitar estos encuentros nefastos?

De otra parte, es necesario hacer un alto en el camino para reflexionar de la siguiente manera, ahora que llega la navidad: ¿Por qué somos así, cuando de dar un detalle, un abrazo, hacer una visita, una llamada, enviar un mensaje, regalar un “te quiero”, lo hacemos a personas que no nos valoran y que simple y llanamente se interesan en nuestra amistad por conveniencia, traicionándonos en cualquier momento y en cambio para nuestros padres que nos dieron la vida siempre hay una excusa?

Por último y como conclusión, sugiero a mis apreciados lectores recordar la siguiente traducción que realizaron los indígenas colombianos del artículo 11 de nuestra constitución política, el cual debemos aplicar en nuestra vida para hacer de ella el regalo más preciado que existe; dice: “Nadie puede llevar por encima de su corazón a nadie, ni hacerle mal en su persona, aunque piense y diga diferente”. ¡Benditas almas!