Nuevos concejos, nuevos mandatarios y reingeniería para gobernar, buen viento y buena mar.

 

 

En las últimas semanas se eligieron las mesas directivas de los concejos municipales. Tomando el caso de la ciudad capital, Bogotá y de mi amada Popayán, se desarrollaron elecciones donde prevaleció la democracia, siendo un buen ejemplo para la ciudadanía.

En Bogotá hubo un caso inédito, pero donde primo la concertación y trasparencia. Primero, por primera vez se estaba implementado el estatuto de oposición, en la particularidad de darle una silla en la corporación, a quien haya quedado en segundo lugar en los comicios pasados, para ejercer oposición.

Pero, la situación cambio cuando el H.C Carlos Fernando Galán, se declaró en independencia. Además, la Presidencia del primer año, se tenía planeada para el Partido Verde, pero en un tema concertado y con el guiño de la alcaldesa, Claudia López, la votación para el cargo fue contundente para Galán.

En la Ciudad Blanca, desde diciembre se veían acercamientos entre los partidos que se declararían de Gobierno o coalición, para conformar la mesa directiva

Pero fechas cercanas a la elección, la rivalidad entre algunos partidos generó que los corporados restantes, concertaran un equipo de cara al progreso y desarrollo de la ciudad.

Pero esto, es un síntoma bueno para retomar las verdaderas funciones de los Concejos Municipales. Ejerciendo sus deberes y derechos, permiten que, desde esta corporación autónoma, se articule un trabajo mancomunado con el gobierno, sin perder la esencia. Y es que, los corporados se rigen sobre dos acciones importantes, que son: las proposiciones normativas y el control político, según establece, la Constitución Política de Colombia en su Artículo 313.

Pero lo más valioso del ejercicio vivido en los Concejos de las ciudades, es que los gobernantes de turno, la alcaldesa López y el alcalde López Castrillón, son participes de trabajar en llave con la corporación, donde predomine, la construcción de iniciativas bilaterales, las proposiciones positivas en implementar, mejorar o cambiar, y una vigilancia en el cumplimiento de proyectos y ejecución del presupuesto. Todo esto en pro del progreso y desarrollo del pueblo.

Así es, como los mandatarios y las mesas directivas, deben estipular una agenda de trabajo, donde se empiece por estructurar y consolidar un plan de desarrollo de cara a suplir las necesidades y establecer las inversiones que son prioridad en las ciudades, en todos los sectores. Hay que aprovechar los buenos vientos, que se sienten en materia de paz y cooperación entre los dirigentes políticos, además de sacar el mejor provecho a la renovación de los cabildantes y la permanencia de los buenos.

Llego la hora de trabajar en pro de la competitividad, la sostenibilidad y crecimiento de los territorios.

Ni los alcaldes están solo para ejecutar, ni lo concejales para vigilar, hay que usufructuar las funciones de los concejos, enfocados a brindar colaboración en el cumplimiento de lo trazado.

Lo más fácil es gritar y criticar, pero acá necesitamos son las fichas del ajedrez que elegimos los ciudadanos, para que velen por nuestro erario y futuro. La tarea no es solo de observadores, es con el fin de construir ciudad, mediante la proposición de iniciativas y proyectos, que se vuelvan una realidad y sean terminadas a cabalidad, desde una vigilancia coherente.

Nuevos concejos, nuevos mandatarios y reingeniería para gobernar, buen viento y buena mar.