¡Qué falta de autoridad, cuando los rectores renuncian a su condición de jefes de la seguridad interna y asumen una actitud complaciente con los extremistas

Expulsar a los revoltosos y recuperar el principio de autoridad en las treinta y dos universidades públicas que tiene Colombia y que se sostienen con los impuestos que pagamos los empresarios, es el único camino para recuperar el orden institucional, seriamente quebrantado por encapuchados, vándalos, terroristas y asesinos que se han tomado las marchas estudiantiles de las últimas semanas. El terror sembrado por agentes encubiertos de la dictadura criminal de Venezuela, metiendo las narices en los problemas de Colombia, es otro tema que exige el valiente ejercicio de la autoridad.

¡Qué falta de autoridad, cuando los rectores renuncian a su condición de jefes de la seguridad interna y asumen una actitud complaciente con los extremistas que se toman las asambleas estudiantiles y que manipulan a los estudiantes, incapaces de enfrentar a bandidos infiltrados en estas instituciones! Los encapuchados, que ocultan su identidad, son delincuentes en potencia, como ha quedado demostrado en la Universidad Nacional de Colombia, en la Universidad Industrial de Santander, en la Universidad Distrital de Bogotá y en la Universidad de Antioquia.
Felicitaciones al Grupo ESMAD de la Policía Nacional, creado a su debido tiempo, para controlar los desmanes, los abusos y las amenazas terroristas. El ESMAD está compuesto por agentes especiales encargados de proteger a los buenos ciudadanos que tienen derecho a disfrutar del espacio público; al derecho al tránsito y la locomoción por las calles de las grandes ciudades. Es una obligación del gobierno garantizar la seguridad, utilizando las fuerzas militares y de policía, que son el ‘brazo armado de la Ley’.
¿Cómo es posible que en la Universidad de Antioquia exista un depósito de materiales inflamables para atacar a la policía, como lo denunció valientemente el gobernador de ese departamento? Más grave aún, que estos terroristas disfruten de los beneficios de Bienestar Universitario, como los alojamientos destinados a los estudiantes pobres de otras regiones del país y del servicio de comedores, donde reciben manutención gratuita muchas personas ajenas a las universidades públicas, lo cual, en términos jurídicos, constituye otra forma de peculado.
La disciplina y el respeto por las personas que componen la comunidad universitaria, hacen parte de las normas de comportamiento que deben aplicarse en las diferentes universidades del país que destruyen con bombas incendiarias los sistemas de transporte, que se enfrentan a la fuerza pública por el prurito de pertenecer ellos a organizaciones rebeldes, que actúan en la clandestinidad para destruir establecimientos comerciales,  deben ser expulsados, como lo hizo en su momento una ilustre ex rectora de la UIS, que con las enaguas bien puestas, expulsó a la cúpula guerrillera del autoproclamado ‘Ejército de Liberación Nacional’ –ELN –, que nació hace medio siglo en ese establecimiento de enseñanza superior debemos apoyar los alumnos cultos que protestan en nuestras universidades como mucha veces vemos a un porcentaje alto en nuestro departamento del Cauca y apludir aquellos que defienden que no toquen los predios así sean estatales o privados 

Los estudiantes de las universidades públicas se han portado como unos mal-agradecidos, después que el presidente de Colombia, Iván Duque Márquez, les duplicara los aportes presupuestales. ¡Le tiraron un portazo en la cara, porque lo que NO cuesta, hagámoslo fiesta!