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Con una parafernalia digna del mejor circo del planeta,Tan solo sirvio para decir que se volatilizó el aumento del salario mínimo en Colombia

Con una parafernalia digna del mejor circo del planeta, en el mes de diciembre se anunció el aumento del 10,07 por ciento en el salario mínimo en Colombia y se pregonó que era lo mejor en los últimos cien años y que eso era una gran ayuda para la clase trabajadora del país.

Se realizaron programas que se difundieron una intensidad mediática que ahogaba a la audiencia y se trató de tapar que en los años 1989 y 1992 los aumentos fueron del 27 y del 26 por ciento, y sólo se le añadieron migajas al sueldo de los colombianos desde al año 2002 cuando el Banco Mundial metió su zarpa y tildó de loco al Gobierno por aumentar hasta el diez por ciento.

La tónica fue que a ese ritmo las empresas quebrarían, pero no dijeron que con esa miserable forma de tasar el aumento del salario sólo hacían que el trabajador se convierta en un eterno dependiente mientras las empresas aumentaban sus rendimientos económicos, con el auspicio del Gobierno que acolitó esa condena al obrero colombiano.

Ahora, una vez empezó enero, ya el aumento se volatilizó y desde la Presidencia de la República se hace alarde de que se le paga un millón de pesos al asalariado y hasta una pieza publicitaria rueda en la televisión nacional como para convencernos que hicieron un aumento sin precedentes en la historia del país.

Ya ese aumento no se nota porque con el alza del dólar, todo se encareció, los hogares ya no compran lo mismo con ese millón y ahora adquieren menos productos que los que compraban hace un mes con novecientos mil pesos.

A los altos precios de los productos básicos de la canasta familiar, se adhieren las alzas de los útiles escolares, los medicamentos, los pasajes, las cuotas moderadoras, en fin, todo alzó y el Gobierno aún alardea sobre un aumento que se transformó en una soberana mentira.

La llegada del pico de pandemia con el contagio de ómicron también ha incidido en la inflación que se disparó en enero y eso desbarata todos los planes o proyecciones de llevar la meta de inflación a ser más baja en este año que la registrada en el periodo anterior.

Complicado para el país en una época de elecciones en donde el dólar se ha disparado y el peso perderá más valor de acuerdo a quien llegue a gobernar el país y la debacle aún es poco avizorada, porque las importaciones de alimentos sin aranceles o con bajos impuestos, han golpeado en el rostro a los campesinos.

En medio de este panorama tan espinoso y ríspido, aún no hay una reacción desde el ejecutivo central para estabilizar los precios y generarle confianza al consumidor.

La disparada internacional del precio del petróleo es un buen ingreso a las arcas del país, pero eso no alivia el bolsillo del parroquiano, porque los combustibles también elevaron el precio y con ellos igualmente alzan los fletes, los peajes y los derivados del petróleo.

Así que el Gobierno debe reflexionar a fondo sobre su táctica engañosa de vanagloriar un aumento de salario a sabiendas que es un nimio contentillo y una acción que deben realizar cada año para aparentar que premian a los obreros, pero lo que hacen es ahorcarlos más.

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