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Dios Me Hará Ver la Solución

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La fe es tu siervo que te va a hacer ver la solución. ¿Por qué no vemos la solución muchas veces si ya está? Porque magnificamos los problemas, los agrandamos tanto, y los exageramos.

Hay gente que ha hablado tanto del diablo, que tienen un diablo tan, tan, tan gran­de que te dicen “¿Pastor usted cree en el diablo que me ataca?” “En tu diablo creo, pero el diablo en que yo creo, a mí no me ataca porque está vencido en la cruz del Calvario, y está puesto debajo de mis pies, es un león muerto que no existe, es una víbora sin poder”.

Elías en el monte Carmelo, desafía a ochocientos cincuenta profetas de la brujería, les dice: “Que el verdadero Dios mande fuego”. Elías ora y cae el fuego y consume el sacrificio. La reina Jezabel, al enterarse de lo sucedido, le jura que le va a cortar la cabeza. ¿Y cómo reacciona Elías? Se esconde en una cueva, porque exageró su problema y le entró temor.

¿Por qué no vemos la solución? Muchas veces no vemos la solución a nuestros problemas porque exageramos, porque perdemos de vista el propósito de Dios para nosotros.

¿Por qué Dios te dio la solución? Porque hay un sueño, un propósito, una asignación que tenés que cumplir en esta tierra.      

Faraón dio la orden de matar a todos los varones hebreos que nacierán. Pero  cuando Jocabed tuvo a Moisés, ella lo vio y dijo: “Es hermoso”. La palabra “her­moso” en el hebreo significa “tiene propósito. Este bebé tiene una misión en la tierra”. Y la mamá entendió que, aunque había un edicto para matar a los niños varones, “si este niño tiene un propósito, Dios me va a dar la solución para que este niño no muera”.

 

Muchas Veces no Vemos la Salida Porque es Inusual.

Muchos no ven la salida que ya está puesta, porque la están buscando en el mismo lugar. Dios trabaja de manera loca, la solución va a ser rara. Una interrupción puede ser una oportunidad divina.

 

No Vemos la Salida Porque Hablamos.

Israel estaba a once días de camino de la tierra prometida pero tardaron cuarenta años, porque su hablar puede acercarte rápidamente a tu tierra de bendición o tu hablar y tu queja pueden hacer que lo que tardabas once días te tarde cuarenta años y nunca lo veas. ¡Cuidado con lo que hablás!

Josué y Caleb eran dos príncipes junto con otros diez y Moisés los envió a explorar la Tierra Prometida, ellos entraron y exploraron durante cuarenta días y volvieron. Frente a un problema, no hablés, porque tu hablar puede ayudarte a no ver la solución.

 

Extracto del libro “Mentalidad de Avivamiento”

Por Bernardo Stamateas

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