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Nacional

La codicia de los grupos terroristas y su ambición de poder hasta la muerte se han convertido en una amenaza para Colombia

Visiblemente confundido, perturbado y molesto, recibió el presidente Gustavo Petro Urrego la noticia sobre el asesinato de ocho miembros del policía nacional ocurrido este viernes en jurisdicción de Neiva, departamento del Huila, en el sur del país.

La patrulla, que se desplazaba hacia la vereda Corozal, del corregimiento de San Luis, había sido requerida para atender un procedimiento de seguridad en zona rural, luego de haber apoyado una actividad social en el vecindario.

Una fuerte carga explosiva lanzada al paso de la patrulla dejó ocho uniformados muertos, la mayoría de ellos personas muy jóvenes, entre ellos dos intendentes y dos patrulleros, que hacían parte de la Policía Metropolitana de Neiva. La aparente calma en toda la región a raíz de la propuesta del gobierno sobre la ‘búsqueda de la paz total’ sufrió el primer revés ante unos criminales desbordados que han convertido la violencia en un instrumento para la guerra, financiados por el narcotráfico que existe en los departamentos del sur del país.

Esos acontecimientos demuestran que la propuesta de paz con todos los grupos armados ilegales de toda condición es simplemente una utopía, en la que se han comprometido los que han cultivado el odio de clases y estimulado la soberbia de los narcotraficantes que se sienten dueños del país. Prevalidos de un falso orgullo, las disidencias de las guerrillas de las FARC quieren convertir a Colombia en el cuarto trasero de la humanidad, donde el uso criminal de las armas ha creado una especie de ‘Torre de Babel’ donde se pierde la ilusión y la confianza de una paz duradera, verificable en el tiempo y aplicable a todos los sectores de la nación.

La estructura ‘Dagoberto Ramos’ de las disidencias de las FARC, a la que se atribuyen estos hechos, está comandada por alias ‘Calarcá’ un lunático asesino que remplazó en el mando a alias ‘Martín Caballero’, que de caballero solamente tuvo el rimbombante apelativo con el que quiso convertirse en amo y señor de todas las organizaciones cocaleras y criminales del país. Colombia sigue teniendo poderosas estructuras criminales dedicadas a demostrar su poder y su soberbia, soportadas sobre la amenaza de las armas y pertrechos, que ejercer poder real en los territorios del Cauca, Valle del Cauca, Nariño, Huila, Tolima, Caquetá y Putumayo, todo un imperio dedicado a los cultivos de coca y a la producción de estupefacientes que están envenenando el mundo.

Durante las cuatro semanas que lleva Gustavo Petro Urrego en la presidencia de Colombia se han registrado más de quince masacres en Colombia, con más de sesenta personas fallecidas en la vorágine del conflicto armado.

La codicia de los grupos terroristas y su ambición de poder hasta la muerte se han convertido en una amenaza para Colombia, donde cada cuadrilla de asesinos se considera con derecho a imponer la ley de la selva, en contra de las instituciones legítimamente constituidas. ‘Paz Total’ que parte de una premisa falsa y es que los grupos armados ilegales, que perdieron su identidad política, no tienen interés en la reconciliación nacional sino en la anarquía y el desorden, para seguir viviendo de la ilegalidad, de las rentas del secuestro, la extorsión y el narcotráfico, grupos criminales que no tienen ideología distinta a la de conseguir inmensas fortunas que heredan sus descendientes en los paraísos fiscales del mundo.

La ‘Búsqueda de la Paz total’ Sufrió el Primer Revés ante unos Criminales dejando claro que simplemente si la violencia sigue creciendo todo lo que proponga el nuevo gobierno es carreta”

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