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Política

Los “enemigos” de la víspera se cranean un engendro: el Frente Nacional.

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El gobierno de Rojas Pinilla, además del anticomunismo elevado a rango constitucional y legal, intentó disputarle el poder a las élites tradicionales. Por eso refrendó la Asamblea Nacional Constituyente (ANAC) que había sido formada por Laureano Gómez, y que tras su interrupción por el golpe de estado fue reformulada e incluidos en ella militares y policías activos, además de secuaces del mismo Gurropín. Mediante la misma, y en vista de que el período constitucional del presidente derrocado fenecía el 7 de agosto de 1954, el 3 de ese mismo mes hizo aprobar de la ANAC su reelección inmediata.

Para el desarrollo de su proyecto corporativista y populista estableció una serie de organismos de bolsillo, algunos manejados por su hija, y dividiendo más aún al golpeado movimiento sindical (fraccionado en 1946 por acción conjunta de godos, liberales y curas que crearon y legalizaron la UTC) le otorgó personería jurídica a la Confederación Nacional del Trabajo –CNT– creada en 1946 por el gaitanismo –en una acción contra la CTC y después del exterminio en la huelga de Fedenal– a la que consideraban “comunista”. Es más, el gobierno Rojas intentó crear el Movimiento de Acción Nacional y la Tercera Vía, en que confluyeron godos ospinistas, varios sectores liberales, los gaitanistas, los “socialistas” encabezados por Antonio García, y los falangistas liderados por Lucio Pabón Núñez. Rojas era un reaccionario de horca y cuchillos como o demostró en Cali tras los sucesos del 9 de abril de 1948, en que destacó por la brutalidad y el crimen. Y desde luego, frente a la oposición a su pretendido unanimismo (¡no sé por qué hijueputas me recuerda de nuevo a Uribe Vélez!) inició una política de exterminio contra las guerrillas desmovilizadas y contra el campesinado que se había replegado a colonizar las zonas que de selváticas pasarían a ser agrarias, como la ya mencionada de Villarrica.

Pero varios hechos demostraron la torpeza del régimen. Por su intento “anti-oligárquico” y por su incitación, fueron quemados los santuarios formativos –que no informativos– de los burgueses: El Tiempo y El Espectador. Pero además en junio de 1954 agredió al estudiantado, asesinando el 8 a un dirigente y el 9, en el entierro de éste, a muchos más (al parecer centenares) lo que inaugura en Colombia el 8 y 9 de junio como del Día del Estudiante Caído, que ya lo era el 8 desde 1929 cuando el régimen godo de Abadía Méndez agredió por vez primera a los universitarios, noria que sigue su recorrido de muertes. Con eso pierde el apoyo de las capas medias, que se sentían representadas en Gurropín. Y a ellos hay que sumarle que su obstinación en la CNT, a la que los curas veían como una prolongación del peronismo, le hizo perder el apoyo de sus cofrades de la curía, a pesar de su exaltado catolicismo. Sumado otras cosas como el asesinato en la plaza de toros de Bogotá, la irresponsabilidad en el manejo de cargamentos de dinamita en Cali que ocasionó un gran desastre con enorme número de muertos. (Un paréntesis: lástima que en esas épocas no viviera en Cali –porque ya era párvulo– el hijueputa del Caicedo Gavilán).

Todos los desmanes, robos, y hasta imbecilidades llevaron a los enemigos de la víspera, exiliados, en representación de godos (Laureano Gómez) y de liberales, Alberto Lleras Camargo –tío del torombolo vicepresidente actual, que nos tienen recetado para seguir la dinastía oligárquica– a ponerse de acuerdo en dos ciudades españolas, para tumbar el cachuchón y “restablecer la democracia”. A eso volveremos en la cuarta entrega.

COLUMNISTA:

Alfredo Valdivieso.

Directivo Nacional Union Patriotica

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