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¡ no es negocio, es bienestar! «LA PAZ»

la paz

 

Después de la guerra de mensajes en las redes sociales: Twitter, Facebook y WhatsApp, del “Sí” y el “No”, con el triunfo del “No” el pasado domingo 2 de octubre quedó demostrado que en este país, quienes más padecieron en 52 años los cilindros bombas, las ametralladoras punto 50 y el retumbar los fusiles AK47 fueron aquellos departamentos de influencia rural, que están diezmados por la pobreza, mientras los del “No” fueron los del Centro y nororiente del país los más poblados en la parte urbana.

Mi análisis al resultado del plebiscito en Colombia, es para pensar más allá de la paradójico de los electores que en la mayor parte desahogaron sus prejuicios en medio de una parafernalia de eslóganes y retórica, donde quienes defendieron el No son los que tienen supuestamente más tierra en Colombia y los otros como decía Eduardo Caballero Calderón, los Siervos sin tierra. Sigo sosteniendo que el problema es la tenencia de tierras y cada cual defiende sus intereses, en un país tradicionalmente agrario a lo largo de toda su historia.

Aun cuando las decisiones políticas inciden, y más cuando el Presidente apuró a que las cosas fueran pronto, se dice que de la carrera no queda sino el cansancio. Búsqueda de un premio nobel de paz. Toda decisión política es en el fondo una decisión moral. Un buen discurso político deja clara la frontera entre el bien y el mal, e invita a la gente a actuar para ponerse de lado del bien. En eso falló el discurso del Presidente Santos. Siendo todo lo contrario, en el otro bando, caló esa decisión moral. ¿Es justo que quienes han matado, violado, mutilado, secuestrado y dañado a tanta gente inocente reciban ahora indulto, poder político, escaños en el Congreso y dinero del pueblo? La gente no es tonta ni irracional, simplemente calculó que su voto era necesario para frenar una grave injusticia en el presente que para traer la paz, inversión y empleo en el futuro.

¿Qué sigue ahora? Continuar midiendo fuerzas políticas en la búsqueda del poder de congreso y presidencial en las próximas elecciones, ese es un punto de partida para enjalmar el burro antes de comprarlo.

Por otro lado aparecen los jóvenes con plantones exigiendo la Paz y las FARC en su escenario de negociación política en la Habana Cuba, mientras los “indignados” buscan que lo pactado se renegocie, sentándose ellos a la mesa con la guerrilla. Un dilema que se tiene que despejar, sin desmentir por comunicados.

En este tire y encoje, entre los voceros del gobierno (Santos), los opositores del acuerdo, (Uribe) después de ese abrazo fariseo, en cada entrevista vemos que quienes definen la guerra o la paz son aquellos personajes de escritorio y flus como dicen los campesinos y quienes no han sufrido la violencia y la guerra en carne propia. Ahora toman posición los de Sí con el No, y los del No con el Sí.

El pintor Santandereano: Luis Duarte, escribió en una exposición: “No hay aurora. En estas fechas, donde por fin nos preparamos para alcanzar la anhelada paz, aparecen de manera soterrada y mezquina el bestiario guerrerista, para hablar en términos de esa magna obra El Calila y Dima, uno de los libros que los sabios de la India escribieron en forma de historias y apólogos, donde aparecen chacales, zorros y santos varones, monos, panteras, culebras, lobos, cuervos dispuestos a sacar los ojos y algo más”. Para evitar esto más que nunca, los jóvenes tienen la palabra, necesitan un país para reconstruirlo.

 

Columna de Luis Eduardo Jaimes Bautista, poeta y escritor

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